4° Edición - DICIEMBRE 2025

 

4° Edición - DICIEMBRE 2025

Esperamos su venida con deseo ardiente y con corazón vigilante.

UN CORAZÓN QUE SE ABRE A LO QUE VIENE

Diciembre siempre tiene esa sensación de que hay que hacer todo al mismo tiempo: cierres, despedidas, balances, caminos que se aceleran sin que nos demos cuenta. Pero la Iglesia, con una sabiduría que atraviesa los siglos, nos invita a comenzar este mes de una manera distinta: esperando.

El Adviento abre ante nosotros un tiempo único, un tiempo en el que no mandan las urgencias, sino la esperanza. Es un tiempo que nos enseña que la espera no es pasividad, sino preparación; no es vacío, sino un espacio donde el corazón se abre, se dispone y aprende a amar mejor. Quizá esa sea la mejor manera de vivir estos días: dejando que la espera transforme lo cotidiano.

Este tiempo nos propone algo contracultural: frenar cuando todos corren, mirar hacia adentro cuando todo invita a mirar hacia afuera, abrir espacio para el silencio cuando el mundo se llena de ruido. Adviento es recordar que lo que viene vale la pena prepararlo con calma. Es aprender que Dios no llega en medio del descontrol, sino en el corazón que se anima a hacerle lugar.

Como María y José, también nosotros caminamos hacia una promesa que todavía no vemos del todo, pero que ya late dentro nuestro. 

El Señor viene, silencioso, humilde, sin imponerse. Y en esta espera paciente, Dios nos prepara el corazón para reconocerlo cuando llegue.

Cada vela que encendemos, cada gesto de caridad, cada reconciliación y cada instante que robamos al ruido para dedicarlo a la oración, se vuelve un pequeño “sí” que ensancha nuestro interior. Adviento es la escuela de la espera confiada, de la fe que mira más allá de lo inmediato, de la certeza de que Dios actúa incluso cuando parece que nada pasa.

Que este tiempo nos encuentre disponibles, atentos y con el corazón despierto. Que podamos abrir las puertas de nuestra vida para que Cristo nazca también en lo que somos hoy: con nuestras luces, nuestras búsquedas y nuestras fragilidades.
Porque en Adviento no esperamos cualquier cosa: esperamos al Dios que viene a quedarse.

Lucía Busto

Que este mes puedas hacer un espacio —aunque sea pequeño— para esa luz que quiere nacer.

Que el Adviento sea para vos un tiempo de quietud, de confianza y de encuentro. Dios viene. Y viene para quedarse.

LA FIESTA DE MARÍA PURÍSIMA

La Fiesta de la Inmaculada Concepción de María, que celebramos con mucha alegría cada 8 de diciembre, es una de las verdades más importantes y queridas para la Iglesia Católica. No es solo un recuerdo, sino una gran declaración de fe sobre la Madre de Jesús y su lugar especial en el plan de Dios para salvarnos.

Aunque la Iglesia tardó un tiempo en declararlo formalmente, la gente siempre creyó en la pureza total de María. Desde hace muchísimos siglos (más o menos desde el año 700), ya se hacían fiestas sobre la concepción de María. En Europa, esta celebración se hizo muy fuerte a partir del siglo XI, con el apoyo de distintas órdenes religiosas. El Papa Clemente XI la hizo fiesta obligatoria para toda la Iglesia en 1708.

¿Qué significa "Inmaculada Concepción"?

Celebramos que, desde el primer momento en que fue concebida en el vientre de su madre (Santa Ana), Dios le dio un regalo especial: la preservó totalmente libre de la mancha del pecado original. Esto fue un favor único, hecho por adelantado, gracias a que Jesús iba a ser nuestro Salvador. Por eso, ella es la "llena de gracia", un lugar completamente limpio y santo, perfecto para que el Hijo de Dios se hiciera hombre.

El tema de la Inmaculada Concepción se discutió por mucho tiempo, ya que teníamos que entender cómo encajaba con el hecho de que Jesús nos salva a todos del pecado. Pero la fe de la gente sencilla y el estudio de los teólogos fueron aclarando la verdad.

El Dogma de la Inmaculada Concepción (una verdad de fe que debe ser creída) fue anunciado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en un documento llamado Ineffabilis Deus. El Papa dejó muy claro:



"Afirmamos y declaramos que la doctrina que enseña que la Santísima Virgen María, desde el primer momento de su existencia, fue librada de toda culpa original por un regalo especial de Dios y por los méritos de Jesucristo, es una verdad que Dios ha revelado y que todos los católicos deben creer firmemente."

Es clave recordar que esto habla de la concepción de María, no de la concepción de Jesús (que fue obra del Espíritu Santo). Este dogma nos muestra lo poderosa que es la salvación de Cristo, que incluso pudo hacer a su Madre totalmente perfecta desde el inicio.

Pensar en la Inmaculada Concepción nos llena de esperanza y alegría. Si Dios hizo a María completamente pura, nos enseña que la santidad es posible para nosotros. Ella, que es una de nosotros, pudo decir un "Sí" completo a Dios y mantenerse sin pecado. Ella es el modelo de cómo la Iglesia (y cada uno de nosotros) puede ser liberada y santificada por la gracia de Dios. Su pureza nos alienta a buscar la pureza en nuestra propia vida.

La Biblia ya nos da una pista muy clara de esto en el Evangelio de Lucas, durante la visita del Ángel Gabriel:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» (Lucas 1:28)

Cuando el ángel la llama "llena de gracia", está diciendo que María está desbordada de la gracia de Dios. Ella es la primera persona salvada, y honrar a María Purísima es dar gloria a Jesús, quien la salvó y nos salvó con su sacrificio en la cruz.

Juan Gauna

¿Qué “sí” pequeño o grande te está invitando Dios a decir hoy? ¿Qué gesto concreto podés ofrecer esta semana para reflejar la luz y la bondad de María en tu entorno?

ESCUELA DE VIDA, ¿Qué es?

Participé del Grupo de Jóvenes desde los 11 años. Hice la Comunión en la Parroquia Santo Cristo y, apenas terminé, me invitaron a sumarme al grupo para prepararme para la Confirmación.

La primera vez que escuché “Escuela de Vida” no entendía nada. Para mí era simplemente irme de campamento. Pero con el tiempo descubrí por qué se llama así.

En la Escuela de Vida aprendés a vivir.

A vivir en comunidad, a vivir desde el Evangelio, a equivocarte, a acertar, a descubrir el plan que Dios tiene para vos sin dejar de ser vos mismo. Estamos llamados a la santidad, a ser la mejor versión de vos mismo.

Ahí aprendí desde lo más simple —armar una carpa, lavar una olla, compartir un fogón— hasta lo más profundo: convivir, escuchar, servir, rezar, abrazar, y caminar con otros.

Tiene ese “algo” que no se explica, pero se siente: es el mismo espíritu.

Compartimos guitarreadas, risas, bailes, encuentros en comunidad, merienda, desayunos, misas… También momentos de silencio, oración y soledad.

En mi corazón siempre quedar el recuerdo de rezar frente al Santísimo, bajo las estrellas. Otro de los tantos recuerdos que quedan en mi retina son las tormentas “el agua es bendición” donde todos ponemos al servicio del otro lo que tenemos. Siempre con alegría, chiste, risas, guitarra y mates lavados.

Gracias al MJSC conocí lugares hermosos de Argentina, donde se puede apreciar la grandeza de Dios reflejada en la creación.

Gracias al esfuerzo de todos: nuestras familias, la comunidad de Santo Cristo y cada persona que siempre colabora. Para que sea posible nuestras escuelas de vida.

El Movimiento es el semillero de la parroquia.

Es comunidad, personas que quizás ya no ves todos los días, pero cuando las encontrás te queda siempre una anécdota, un recuerdo lindo, una historia compartida.

Podría escribir y hablar muchísimo sobre la escuela de vida… pero a su vez lo sintetizo compartiéndoles que Dios está en todos y se hace presente en el otro. Eso lo aprendí en la escuela de vida.

En el que juega, en el que reza, en el que se levanta de mal humor, en el que no quiere lavar los platos, en el que te abraza cuando estás triste, en el que te aconseja con una palabra, en el que se queda rezando al lado tuyo.

Eso es la vida: lo simple, lo cotidiano, lo genuino. Qué le aporto yo al otro y qué me aporta el otro a mí. Eso es crecer y vivir en comunidad.

Gracias a Dios pude vivir muchos roles dentro del Movimiento: fui dirigida, dirigente, presidenta. Y en cada etapa sentí un llamados de servicio distinto. Siempre de la mano de María, que es muy milagrosa y que me acompañó en muchos momentos de mi vida y en la vida del movimiento. Junto a San José nuestro gran Santo del silencio.

Porque, como nos enseñan en la Escuela de Vida, ser dirigente es también aprender a ser dirigente de tu propia vida.

Y todo lo que vivís ahí, después lo llevás al mundo: a tu familia, a tus amigos, a tu trabajo, a la facultad, a cada persona que se cruza en tu camino.

Por eso siempre decimos:

“Servidores parroquiales” Servidores para otros… y para el mundo…

Jazmín Gauna

¿Qué espacios de tu vida se vuelven “escuela” para vos: lugares donde aprendés, crecés y acompañás a otros? ¿Qué pequeña acción podrías ofrecer esta semana por alguien más? ¿Qué momentos te recuerdan que no caminamos solos, sino acompañados?

BELLEZA QUE NACE EN LO INESPERADO

Llega Navidad y ¿Cuál es la imagen que nos propone la Iglesia para adentrarnos en la fiesta? El Pesebre. Es difícil separar el Pesebre de nuestra imaginación al pensar en la Navidad, pero el mismo como imagen religiosa es introducida recién en 1223 por San Francisco, un ferviente militante de la pobreza espiritual como condición para el encuentro con el Creador. El Pesebre no sólo era un lugar humilde, sino que totalmente inapropiado para un parto.. ¿Que podría sentir María al traer al mundo a su hijo en esas condiciones? No olvidemos lo celosos de la higiene que son los Judíos... ¿Qué sentiría José al exponer a su Esposa y a su hijo a esas condiciones? No pinta nada bien para el pequeño Jesús, al cual lo depositan en el comedero de los animales.
Sin embargo en esa familia, en esas condiciones nace el Salvador de la Historia, resaltando que para que la Divinidad se haga presente en el hogar no se debe perseguir bienestar material, sino por el bienestar espiritual, la flexibilidad frente a los desafíos que el Creador tenga para cada día, la confianza en la Divina Providencia.
La precariedad del Pesebre intenta reflejar no sólo la pobreza material, si no también la pobreza espiritual, psicológica y/o emocional con que mucha veces toca encarar el día a día, e intenta recordar que en medio de la desesperación nace el niño Dios, su presencia contrasta con lo que lo rodea porque justamente Él viene a Santificar su entorno, a permitirnos una pausa para contemplarlo.

Desde la mirada del mundo aesthetic se pierde toda la riqueza del Pesebre, la imagen de una familia que parece haber empezado con el pié izquierdo, es en realidad una burla a la necesidad de tener todo limpio, todo bonito, todo bajo control.

En Navidad festejamos la buena nueva del nacimiento del Mesías, y con él cada nacimiento, no importa como ni cuando ni donde, un nacimiento siempre es una buena noticia, podríamos decir que es la mejor noticia de todas…
La Navidad es una fiesta para el reencuentro, para festejar la vida como viene, la vida como está, para festejar la Vida, es el “cumpleaños” de Cristo. Es momento de dejar el celular en el Pesebre y tomarse el tiempo de estar presente y de contemplar el presente que nos ha sido dado.

¡Feliz Navidad!

Ezequiel Reale

¿Cómo podés hacer de tu hogar, tal como está, un espacio donde pueda nacer la esperanza? ¿Qué aprendizaje te deja el Pesebre sobre soltar el control y abrirte a lo que Dios puede hacer en lo sencillo?

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